La batalla del tridente

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El ejercito realista se había apostado a media jornada del vado que se hace en el forca verde, el único cruce del tridente antes de los gemelos, las carpas de los campamentos se levantaban, una multitud de colores se podían ver alzarse antes de que los rayos del sol murieran en el ocaso, los primeros fuegos empezaban a chisporrotear y mientras algunos caballeros tomaban sus armas para pasarles las piedras de amolar, otros buscaban el placer de la compañía femenina, al centro de toda esta ciudad multicolor se alzaba una gran tienda, con una bandera inconfundible color negro con un poderoso dragón tricéfalo en el centro en color rojo sangre, mas abajo se podían ver los blasones níveos de la guardia real, y una representación del sol dorniense debido al merito de la cantidad de hombres enviada, a dicho lugar se encaminaba un caballero ataviado en su nivea capa y pulcra armadura blanca.
- Ser barristan, bienvenido, ten la amabilidad de darnos los pormenores. El hombre que se dirigió al caballero estaba envuelto en su camisola negra, pantalones a juego y una capa roja, alto, regio, con sus profundos ojos violeta y el cabello platinado.
- mi príncipe, mis señores, se confirma lo que intuíamos, el ejercito de lord Robert se encuentra apostado al otro lado del vado, tenemos ventaja numérica, pero nadie podría decir que tengamos una ventaja en el terreno, se niega a contestar los llamados a parlamentar, nuestros emisarios nos traen impresiones negativas con respecto al bando rebelde para rendir sus armas, pero podemos decir que el señor de las tormentas es alguien honorable, pues ha dejado regresar a la comitiva que enviamos, sin embargo, el mensaje que portan es el mismo, la batalla es inminente.
- muchas gracias ser barristan. El príncipe Rhaegar inspiro profundamente mostrando la incomodidad ante la idea de resolver las cosas por medio de las armas. – bien, mi primo Robert no quiere hablar, no lo culpo, habrá mucho caos al terminar todo este asunto, tendremos que actuar rápido y con decisión en cuanto volvamos a la capital. Volteo a ver a los presentes y con pesar pero con aplomo comenzó a dar ordenes. – príncipe Lewin, tu tendrás a los hombres que envio tu sobrino, quincemil lanceros protegeran nuestra vanguardia derecha, ser barristan, tu llevaras a docemil hombres por nuestro lado izquiero, y yo me quedare en el centro con el resto de los hombres, me comunicare con ustedes por medio de mis escuderos. Termino de decir esto y se quito la capa dejando solo la camisa con el emblema de su casa en el centro de la camisa. – mis señores, pueden retirarse, la noche esta a punto de caer sobre nosotros y mañana será el ultimo dia de esta rebelión absurda, marcharemos al amanecer y descansaremos poco antes de llegar al vado, el combate lo iniciaremos al medio dia.



El fuego chisporroteaba en la sala, unos coperos dejaban jarras con vino especiado, la reunión avanzaba y los presentes se mostraban preocupados, todos con excepción del hombre que dirigía la reunión, un gigante con brazos capaces de derribar un buey, un torso digno de cualquier gigante mas allá del muro, y unos ojos azules que refulgían con furia al hablar, en el centro de su capa se podía ver un venado coronado, insignia ancestral de la casa que pertenecia.
- Robert, la información que tenemos es veraz, el ejercito de rhaegar se encuentra a media jornada de aquí, posiblemente acamparan en ese lugar y marcharan por la mañana. Lord stark era quien hablaba, su tono pausado pero vigoroso lleno la tienda de campaña. – tienen mas hombres que nosotros, pero los hombres de tyrell no están con el, seguramente siguen en el asedio a bastion de las tormentas.
- a la mierda con rhaegar, si piensa que por tener mas hombres aquí, y por tener encerrado mi castillo lo escuchare esta muy equivocado, tenemos un ejercito poderoso y que se ha alzado con la victoria en cualquier lugar que ha peleado, nuestros hombres son tan poderosos como una tormenta, y asi mismo barreremos con ese maldito infeliz. Tomo la jarra de vino para servirse una copa y apurarla de un sorbo.
- Robert, hijo mio, mañana te necesitaremos en tu mejor condición, deja la ira a un lado, lo único que tenemos que hacer es derrotar a rhaegar y todo lo demás se vendrá abajo, sin importar cuantos hombres mas tenga que nosotros. Jon arryn intervino para apaciguar al señor de las tormentas quien había sido su pupilo junto con ned stark y a quienes amaba como si fueran sus propios hijos.
- Lord Robert, le aseguro que mi dama esta desesperada por bailar con los dornienses y beber de ese rojo dorniense tan famoso. Lord corbray desenfundo ligeramente su espada valirya mientras decía esto y la mostro en respeto a Robert.
- bien señores, esto acaba mañana, nos quedaremos aquí para defender la posición, lord arryn, usted ira a nuestra vanguardia izquierda, llevaras a los señores del valle contigo y defenderas la posición, ned, mi hermano, tu defenderas nuestro flanco derecho, yo estaré en la vanguardia, buscare a ese desgraciado de rhaegar para aplastar su negro corazón con mi martillo, señores, pueden retirarse, mañana nos tocara de una vez por todas acabar con este desgraciado.
Uno a uno comenzaron a salir, pero lord stark decidio quedarse. – Robert, tal vez debiste escuchar lo que Rhaegar tenia que decir. Al oir estas palabras la furia encendio nuevamente la mirada del viejo amigo de ned. – estas loco de remate stark, ¿tienes hielo en las venas o que te pasa? Ese tipo se llevo a tu hermana, mi prometida por si lo olvidaste, por su culpa murieron tu padre y tu hermano, ¿me estas diciendo que lo has olvidado?. El color encendio el rostro de Robert mientras decía esto con una ira apenas contenida en las palabras, era como si hablar de rhaegar lo encendiera al punto de transformarlo en un ser demoniaco. – no olvido que mi padre y mis hermanos fueron agraviados, pero quizás deberíamos escuchar que tiene que decir. – loco de remate. Le espeto Robert a ned. – mañana le dare tranquilidad a tu familia cuando acabe con este maldito degenerado, quien sabe cuantas veces ha abusado de tu hermana, y tu pensando en escucharlo, definitivamente tienes nieve en lugar de sangre.



Era medio dia cuando se escucharon los cuernos de los oteadores, señal inequívoca que el ejercito realista se acercaba, todos estaban en sus posiciones, se podía ver a los soldados muertos de miedo pero también con un extasis que solo pueden sentir aquellos que han estado en batallas y han podido salir vivos para contar la situación, empezaron a cantar para pedirle al guerrero fuerza a sus brazos, entonaron una plegaria al unisono “guardame bien roble y acero, o voy al infierno, y eso no quiero”, y siguieron vitoreando mientras esperaban el primer choque, el cual sucedió minutos después, las fuerzas se estrellaron como el mar se estrella con la orilla, con un poder incomparable pero con la decisión de que es lo que tiene que pasar, empezó a haber bajas en ambos bandos, y el impacto inicial paso a formar una gran batalla campal donde los luchadores tenían que cuidarse por todos lados, empezaron a verse hombres mutilados, otros con heridas de hacha en la cabeza o los peores eran quienes tenían las tripas por fuera y no podían hacer nada por volver  ponerlas en su lugar.


ser barristan se debatia entre los enemigos, espoleaba a su caballo y la espada al final de su brazo era como una extensión de su cuerpo, el caballero era una maquina de pelear, su caballo era parte de el también, coceando a quien se quisiera acercar, su mano desendia y como un designio del desconocido no hacia distinción entre quien moria y quien vivía, el luchaba por y para su príncipe. – ataquen, no desistan, fíjense bien que esten caídos, no se confíen y mantengan la cabeza sobre los hombros. Barristan rugia ordenes mientras se revolvía como un torbellino de espadas y sangre, su capa ya no era blanca, tenia manchas marrones de sangre que empezaba a secarse y el apenas y tenia algunas heridas, el cansancio empezaba a hacerle flaquear tras una hora de enfrentamiento, el caballero blanco tenia algunas heridas pero nada de gravedad en ese momento. - continúen, vamos, no rompan filas. El entusiasmo de barristan era algo digno de los dioses, era como si el mismo guerrero le diera la habilidad a su espada y el desconocido estuviera ansioso de recibir sus ofrendas, pero en ese momento empezó a ver como varios contrincantes a caballo lo empezaron a rodear, un par de ellos mucho mas grandes que los demás, tenían espadones del mismo tamaño que albor, y con un gigante encadenado por blason. -mira nada mas hermano, la leyenda viviente, ser barristan selmy, será una pena tener que matarlo. – tienes razón, pero asi es la guerra, tenemos que acabar conel, en guardia selmy. Y dicendo esto el grupo de cuatro norteños empezó el ataque, barristan con gran habilidad esquivando golpes de lsa espadas los fue derribando del caballo, los hombres con el blason del huargo y del hombre desollado fueron los últimos en caer, pero los umber aprovecharon para atacar al caballo de ser barristan y lograron derribarlo, tuvo gran suerte el guardia del rey porque el caballo no lo aplasto y dio inicio el combate a pie, cuatro hombres contra el mejor espadachín de los siete reinos si quitamos a la espada del amanecer, el acero silbo, destello, sonaba con cada cruce de espadas, pero estaba en gran desventaja, tuvo que actuar rápido y en un ataque de uno de los gigantes logro desarmarlo para atravesar la garganta, su hermano corrio para vengarlo pero en ese momento ser barristan logro esquivar por pura suerte una herida que sin duda seria mortal, solo llevandose un toque en el hombro por parte del espadón, el gigante prosiguió el ataque logrando herir a selmy pero en el momento de lanzar un tajo el experimentado guardia lo esquivo y clavo su espada profundo en el vientre del adversario, momento que fue aprovechado por un soldado para descargar su mangual en selmy y dejarlo tirado a merced de los señores norteños.


Del otro lado del campo las cosas no eran mas sencillas, lord corbray había caido por las heridas y su hijo tomaba a dama desesperada, en ese momento las fuerzas realistas estaban repeliendo a los rebeldes con la posición de lanceros, pero lyn, con el ímpetu de la juventud, con la ira por su padre y con la excitación de tener una espada valirya en manos penetro como una saeta la formación de lanceros, en su camino mataba a todo aquel que le intentaba cerrar el paso, cercenaba brazos, rajaba cuellos, ningún dorniense podía con el y servia como inspiración para quienes estaban detrás de el. – maldito príncipe. Grito a Lewin Martell en cuanto lo miro, pues responsabilizo a este por las heridas de su padre, el príncipe sangrando por varias heridas pero espada en mano le hizo señas para desmontar. -te concederé el honor de morir en singular combate, que no se diga que me aproveche de alguien descabalgado. Ser lyn se prepararo, intercabiaron tajos, lyn era rápido pero el príncipe a pesar de las heridas y la edad estaba en excelente condición, las espadas centelleaban mientras se intercambiaban los golpes mientras ellos parecían estar en un espacio dedicado a su danza, una danza en la que cualquiera que diera un mal paso acabaría muerto, y fue en ese momento que empezaron a notarse las señales del cansancio del príncipe y sus heridas le cobraron factura, un tajo a la izquierda que logro cubrir pero no reacciono a tiempo para la patada en el abdomen que recibió y cuando reacciono del dolor de perder el aire ya se encontraba atravesado por dama desesperada que estaba bebiendo el rojo del príncipe dorniense.



Si Daemon era el guerrero encarnado, Robert era todo lo contrario, sus golpes con su martillo de guerra eran demoledores, caballo, hombre, escudo, lo que sea que se interpusiera en su camino terminaba hecho pedazos, aprovechaba la enorme fortaleza que lo caracterizaba y con el empuje del caballo nadie podía detenerlo, los hombres caian a sus pies con las cabezas destruidas o los torsos aplastados. – Rhaegar, maldito infeliz, donde estas. Grito a todo pulmón para buscar a quien había ido a matar. – no te escondas maldito cobarde, pagaras por todos tus crímenes. El señor de las tormentas seguía blandiendo su martillo y el chocar con los petos de las armaduras eran como los truenos de una tempestad, una tempestad llamada Robert baratheon, una tempestad furiosa con un solo objetivo en mente y sin nada mas, hasta que lo encontró, rodeado de varios hombres que se encargaban de protegerlo. – maldito cobarde, te rodeas de guardias, ven y pelea como hombre. – Primo, detengamos esto, tenemos que hablar. – no tenemos nada que hablar, te llevaste a lyanna y ahora pagaras por ello, por todas las atrocidades que le hiciste, ven y pelea conmigo, tu y yo nada mas, moriras a mis manos, pero te matare con honor, al menos esa piedad tendre contigo. El príncipe salió del centro de su guardia y espoleo a su corcel, un corcel oscuro como la noche, como la armadura misma que el llevaba en ese momento, lanzo un tajo cuando estuvo cerca pero fue interceptado por el martillo de Robert, Robert lanzo un golpe con su mazo y rhaegar alzanzo a subir el escudo, pero al bajarlo se notaba un dolor en el brazo, el intercambio siguió y mientras Robert bloqueaba con el escudo, rhaegar hacia lo propio con el suyo, aunque a cada golpe dicho accesorio se astillaba mas y mas, además que era cada vez mas lento al subir, rhaegar logro conectar el hombro y la flor roja comenzó a brotar pero eso no impidió a su adversario seguir atacando con un frenesi inhumano, el señor de las tormentas recibía herida tras herida y su determinación no minaba, le lanzaba improperios al príncipe targaryen y parecía que sacaba fuerzas de un lugar que nadie sabia, como si una emoción lo dominara y lo llevara a pelear aun estando al limite de su capacidad. – maldito esto va por lyanna. Grito al mismo tiempo que lanzaba el tajo mas poderoso que nadie hubiera visto jamás, su brazo poderoso y enorme se movio a la velocidad de un rayo y destrozo la coraza protectora del heredero al trono, los rubies cayeron como si la sangre del dragón en la coraza se mezclara con la sangre del dragón caido, rhaegar cayo al rio, se intento levantar, pero las fuerzas no le respondían, cayo nuevamente, y con lo poco de fuerzas que le quedaba trato de decir algo que nadie pudo escuchar. – eso te merecías desgraciado, pensaste que por tener mas hombres podias ganar, mira de lo que te valieron, los dioses sabían que yo peleo por una causa justa, por eso me han dado la fuerza para derrotarte. Le espeto con furia al caido quien a partir de este momento seria llamado: ”El Demonio del Tridente”


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